Salvación: (parte 1)

Esa debería ser nuestra esencia, sembrar semillas de salvación por doquier ayudar a sacar del espíritu de las personas lo que ni la misma persona sabe que tiene.

Debemos tratar de enseñar a todo el que nos ve, nos rodea a pintar su futuro de colores y que sea el barro dispuesto a dejarse esculpir por las manos de Dios para ser esas obras de arte que el artesano ha soñado.

«Pero la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a Cristo); o, ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos). Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos:»

Romanos 10: 6-8

La salvación es por fe, solo por la fe recibimos a Jesús, es una oración de fe entre personas que creen, la persona que te dice repite conmigo, la que ora para que recibas esa semilla y crezca más esa persona que con un corazón destrozado pero arrepentido genuinamente confiesa esa simple oración que con la motivación correcta y la fe pasa a ser la más poderosa que podrías decir en toda tu existencia en esta tierra.

» 11 Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado. 12 Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; 13 porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. »

Romanos 10: 11-13

El avanzar en Cristo es decisión de cada quién, nuestra responsabilidad es sembrar y regar la semilla de salvación; el crecimiento lo da Dios.

«Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento. Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor. Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios.»

1 Corintios 3: 6-9

Nuestra creencia debe ser firme que en el momento que oramos por esa persona y decide repetir una oración de confesión y de recibir a Cristo, lo hace de corazón y verdadero arrepentimiento.

Profeta Isabel Santamaría

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